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Chichicastenango

Guatemala

Guatemala, ubicada en el centro del continente americano, fue, antes de la Conquista, núcleo del Imperio Maya (en lengua de los mayas, su nombre quiere decir “tierra de árboles”). Es precisamente por esta historia que se caracteriza por una gran diversidad étnica y cultural. Los grupos principales que hoy la habitan son los indígenas, descendientes de los mayas, subdivididos a su vez en varios grupos que forman la familia maya-quiché; y los mestizos y europeos. Afortunadamente, estas culturas mantienen todavía sus costumbres celebrando en casi todos los pueblos su propia fiesta, con bailes y eventos sociales, culturales y deportivos, haciendo de Guatemala un paraíso de tradición y color.

Una de las celebraciones más importantes es la que conmemora el pueblo maya-quiché de Chichicastenango en honor a su patrón, Santo Tomás. En la catedral que lleva su nombre y que fue construida en 1540, los descendientes de este pueblo elevan sus plegarias entre velas, pino y flores, esparcidas en el suelo, y queman copal, un incienso típico del país. En la fiesta, que se celebra del 14 al 21 de diciembre, se llevan a cabo procesiones y se bailan danzas autóctonas acompañadas por la marimba, un instrumento tradicional y característico de Guatemala. Sin embargo, una de las actividades mas curiosas en esta fiesta gira en torno al famoso “Palo Volador”.

En la plaza central, instalan un palo o poste muy alto, desde el que varios jóvenes se lanzan hacia el suelo, sostenidos por un lazo o soga, como si volaran. ¡Solo para valientes!

Chchicastenango es conocida, también, por ser cuna de uno de los legados culturales más preciados: el manuscrito del Popol Vuh, el libro sagrado de los maya-quichés. Se dice que ese manuscrito, fue reescrito por un religioso de esta localidad alrededor del 1700. El Popol Vuh es una obra literaria única en la que se cuenta la historia y las leyendas de los que habitaron, y aún habitan, el área de Chichicastenango.

En Leia & Pense em Espanhol – Alta Books Editora, 2011.

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¿Cómo inculcar la práctica de los derechos humanos en educación?

Adalberto Pino Rojas

En mi época de estudiante, todavía se nos impartía la asignatura de Filosofía que incluía el estudio de la ética, la lógica y la axiología. En los últimos años, estas asignaturas fueron eliminadas del pensum de secundaria y, en su lugar, se presentaron charlas o seminarios sobre valores, por lo general, de manera casual por tratarse de las festividades del colegio. A mi juicio, la falta de rigor académico y lo esporádico de su abordaje, han hecho que decaiga la formación ética y deontológica del estudiante en formación.

De hecho, se volvió notorio en el comportamiento del niño y del adolescente, por ejemplo asumen actitudes irrespetuosas, indecorosas, y deshonestas por citar algunas. Ahora bien, se impulsaron los derechos del niño y del adolescente, algo justo y necesario para el establecimiento de relaciones respetuosas entre los adultos y este grupo de la sociedad civil. Sin embargo, advierto que se insiste en los derechos soslayando los deberes. El adolescente ahora exige sus derechos, tacha a sus docentes y mayores, pero haciendo caso omiso de sus obligaciones.

Para el caso ecuatoriano, se halla el “Código de la niñez y adolescencia”, en vigencia desde el 2003, difundido a todo nivel y, de manera particular, en los establecimientos educativos, en donde, el “Código de convivencia” de las instituciones recoge en su articulado los derechos del adolescente, entre ellos el derecho a la educación, a la salud, al buen vivir, a no ser discriminado, entre otros, y son discutidos con los integrantes de la “Comunidad Educativa” (padres, maestros, estudiantes y miembros prestantes de los gobiernos locales e instituciones de servicio público, como la Junta Parroquial, la Tenencia Política, el personal de los dispensarios médicos, entre otros estamentos públicos). Estos sujetos sociales están convocados para participar en la construcción comunitaria del Código de convivencia escolar.

Sin embargo, luego de realizar los compromisos de cada uno de las partes de la comunidad educativa, el código es apelado en la práctica para reclamar derechos, pero no se lo menciona de la misma manera al momento de cumplir los deberes y acuerdos. De todas formas, el contar con un marco de derechos y deberes ciudadanos es un medio idóneo para inculcar los derechos humanos en el estudiantado.

Desde el 2015 en Ecuador, se reintegró en el pensum como asignatura optativa “Desarrollo del Pensamiento Filosófico” para segundo de bachillerato, asignatura que se presta para reflexionar sobre temas de derechos y para analizar casos en los que se presentan dilemas éticos o morales a resolver. A partir de allí, se construye un marco teórico y práctico en el que se va desde la práctica a la teoría y viceversa, en una dinámica dialéctica de reflexión – acción – reflexión. Es por tanto, otro medio para inculcar derechos humanos.

Otro medio viene a ser la misma Ley de Educación, que, en su parte pertinente, hace referencia a evitar y contrarrestar conductas agresivas, abusivas o lo que en la actualidad se ha denominado Bullyng, acoso sexual, entre otros. La deshonestidad académica es otro contravalor que está siendo cuestionado y sancionado, para preservar el derecho a esperar honestidad en la conducta de los otros, llámense compañeros, docentes, directivos o padres.

El aula y su dinámica cotidiana brinda múltiples oportunidades para que el docente plantee reflexiones sobre derechos humanos, en un sentido amplio, como es el derecho que tiene la comunidad educativa de rechazar los comportamientos que buscan entorpecer la actividad académica, que pretendan dañar los bienes públicos, o que intenten defraudar a cualquiera de los integrantes de la comunidad. Por ejemplo, si se destruyen textos, laboratorios o materiales se atenta contra los derechos de las siguientes generaciones de contar con esos recursos, lo cual va, asimismo, en contra de sus derechos al buen vivir. Crear el caos y la indisciplina atenta contra el derecho de los otros a contar con un ambiente tranquilo y estimulante para estudiar.

Dentro de las políticas públicas y de educación, se introdujeron dos textos muy importantes, a saber: “El Código de la Niñez y Adolescencia” y “El libro de valores”. Dichos textos plantean claramente los derechos humanos para ser tratados desde los primeros años de educación. En ese contexto, los derechos de niños, niñas y jóvenes están claramente señalados y en otros casos subsumidos en los derechos fundamentales y universales.

El quid del asunto es encontrar medios idóneos de trasmisión a la población estudiantil. De hecho, está consagrado en toda la ciencia humana y en particular en la pedagogía y didáctica “El Ejemplo”. El aula, los patios, las reuniones docentes y administrativas son el medio en el que se deben tener presentes los derechos humanos y desde ahí, incluirlos a la vida cotidiana, tanto pública como privada, lo cual, significa un gran compromiso personal y profesional. Desde luego, algo que a veces se olvida, es que toda la comunidad educativa es sujeto de derechos, es decir: los alumnos, los docentes, los padres de familia y el colectivo social. Recalco que en nuestro medio se ha enfatizado sobreproteger al joven con los derechos y en ocasiones, en estos último tiempos, los docentes hemos sido hasta cierto punto rebajados a un segundo plano en cuanto a nuestros derechos por la supremacía que se le da a los derechos del adolescente.

Los profesores que hemos pasado las cinco décadas vemos que, en cuanto a urbanidad y buenas costumbres, una gran proporción de adolescente manifiestan un trato frio, a veces osco y displicente con aquel que exige y demanda buena conducta y atención en las actividades áulicas. Sin embargo, el deber del que se funge como motivador, asesor o guía, es insistir que la vigencia de los derechos es una vía para la buena convivencia humana, para que haya cabida para todos, tolerancia para las subculturas y minorías sociales. Un colegio es una micro sociedad en la que se presentan muchas de las fricciones que se encuentran en la sociedad ampliada: chicos y chicas diferentes, con opciones particulares en los político, social y sexual. Existen confrontaciones raciales y sociales por religión, política, economía etc. Por tanto, es necesario estar atentos a toda esta dinámica social para que en ese entorno se “enseñen derechos” y “deberes”, ya que si solo insistimos en los primeros la formación humanística sería sobreprotectora y coja, dejando fuera de balance el comportamiento humano.

Por su parte, un medio de intervención de prestantes miembros de la comunidad educativa tiene lugar para la resolución pacífica de controversias. El uso de seminarios, video foros, paneles, invitados de honor etc., serían los medios al alcance para inculcar, fomentar y ejercer la práctica de los derechos humanos, que, luego debe traducirse en comportamiento ciudadano, en participación sociopolítica, en definitiva en un ingrediente para “El Buen Vivir” como premisa que plantea un desarrollo armónico de la sociedad y de los pueblos, y que lo consagra nuestra constitución Ecuatoriana.

Comunidad de educadores de la Red de Docentes IB – Formaciónib. Disponible en http://www.formacionib.org/noticias/?Como-inculcar-la-practica-de-los-derechos-humanos-en-educacion. Consultado: 10/01/2020.

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20/20: celebremos cada día el Año Iberoamericano de la Cultura Científica

Jorge William Tigrero Vaca

El presente artículo es una reflexión sobre la importancia de la formación de una cultura científica dentro de las aulas de clase, entendida como una práctica diaria que debe estar presente durante toda la formación de los estudiantes.

Cuando se pregunta, en el contexto de cualquier nivel educativo, acerca del concepto de cultura, las respuestas que más se repiten indican aspectos como tradiciones, vestimenta, costumbres, lenguaje, incluso comida; si bien, estos elementos forman parte del entendimiento respecto a cultura, es muy importante que, independientemente del nivel educativo en el que nos desenvolvamos, podamos explicar a nuestros estudiantes que el concepto de cultura se refiere al conjunto de conocimientos que posee una persona.

La comprensión del término permite algunas reflexiones, por ejemplo, eliminar el prejuicio que conlleva la expresión “no tienes cultura”, la cual se utiliza principalmente a modo de reprimenda cuando se observa que alguien realiza alguna acción que atenta a las normas de moral o ética. Decir esta frase conlleva un error ya que todo individuo tiene cultura, lo que ocurre es que, dentro de sus conocimientos, no conoce o está dejando de lado la importancia de cumplir con el aspecto por el cual se le llama la atención.

Algo muy similar a lo que ocurre con el término cultura se produce con la palabra ciencia ya que cuando se pregunta sobre su definición, las ideas toman forma de personas con microscopios, trabajando en laboratorios rodeados de tubos de ensayo y probetas. Es fundamental entender que tanto la definición de cultura como la de ciencia están conectadas al poder del conocimiento. El concepto de ciencia puede empezar de diferentes formas, pero involucra el conjunto de conocimientos organizados de forma sistemática y obtenidos mediante observación, experimentación y razonamiento sobre la naturaleza.

Desde el quehacer docente podemos reflexionar acerca de cómo hacer ciencia dentro de nuestras clases, para esto debemos entender que no solamente hay apertura para experimentar en asignaturas que involucren ciencias naturales o exactas, desde toda materia podemos abordar metodologías para generar conocimientos; no solo a modo de explicar algo ya conocido, si no más bien poder desarrollar investigaciones en conjunto con los estudiantes para que desde su formación escolar hagan parte de sus prácticas constantes, la acción de generar investigaciones en distintos campos de estudio con el objetivo de aportar a la sociedad y crear un mejor entorno.

Experimentar, eso es lo que se requiere, entender que este poderoso verbo conlleva lograr que dentro de nuestras aulas de clase generemos retos que motiven a nuestros alumnos, para no caer en el letargo de repetir procesos o fijar solo metas vinculadas a la memoria y obtención de calificaciones. Un diseño experimental conlleva poner en práctica procesos en los que se puedan manipular variables, es decir, identificar qué elementos podemos controlar y medir para que, mediante la aplicación de estímulos, se manejen las condiciones y analizar la forma en que las variables de estudio cambian su estado inicial.

Estos fundamentos se pueden aplicar en todo contexto, por ejemplo, analizar cómo influye en el rendimiento académico alguna innovación aplicada dentro del aula, determinar cuáles son los niveles de competencias de la comunidad educativa respecto al uso de la tecnología, habilidades de lectura y escritura, etc.

Imaginemos qué pasaría si cada docente, cuando debe calificar la nota de proyectos en la materia que imparte, empleara la base de trabajar en conjunto con los estudiantes para la producción de diseños experimentales, tendríamos la aplicación de métodos científicos en campos que irían desde la educación física hasta la química; es decir, se lograría que la ciencia sea una verdadera cultura y esto solo sería posible con acciones diarias, con estrategias que busquen siempre despertar ese sentido de maravillarse por descubrir nuevos horizontes y no caer en el letargo de crecer en un eterno aburrimiento.

Este 2020, tanto docentes como estudiantes debemos fijar el objetivo común de obtener 20/20 en la búsqueda perenne del conocimiento, esa debe ser la consigna para que hagamos de cada día un homenaje a la ciencia, al saber y combatamos el terrible enemigo del tedio y el aburrimiento, que por falta de motivación, muchas veces corrompe a los estudiantes y provoca que pierdan ese deseo por descubrir, cuando es realmente en la escuela, colegio y universidad donde más debe brillar el fuego del conocimiento.

Comunidad de educadores de la Red de Docentes IB – Formaciónib. Guayaquil-Ecuador. Disponible en http://www.formacionib.org/noticias/?20-20-celebremos-cada-dia-el-Ano-Iberoamericano-de-la-Cultura-Cientifica . Consultado: 08/01/2020.

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Técnicas para la comunicación oral